agosto 14, 2010
Los 5 tipos de escuchadores de música que deberían ser perseguidos por una manada de búfalos hambrientos
abril 13, 2010
Bestiarium cibermundicus
Esta especie particular de humanoide, integrante del género púberis imberbus, habita mayormente los valles citadinos, aunque tenemos información de la existencia de floggerrianus montañeses y lacustres.
El homúnculus púberis floggerianus es fácil de reconocer entre la gran cantidad de púberis imberbus que habitan nuestro planeta. Los observadores menos avezados, sin embargo, suelen confundirlo con el humanus tristus, ya que ambos poseen la misma disposición en su pelaje: lacio y desplazado hacia uno de sus globos oculares (oculto como medida de supervivencia, para percibir depredadores cercanos). Sin embargo la diferencia es notoria: el púberis floggerianus presenta una gran cantidad de colores extendidos en su grácil figura, especialmente en las extremidades; mientras que el humanus tristus es reconocido por la carencia absoluta de color en su lomo y extremidades.
En nuestra observación pudimos constatar que estos individuos tienen una fascinación malsana con los objetos pulidos. La contemplación de su propia figura en cualquier superficie reflejante puede llevar horas y compromete otras actividades, como por ejemplo la alimentación.
Otra particularidad de estos homúnculos, es la rara deformación que presentan en una de sus extremidades anteriores, consecuencia de la utilización de una herramienta tecnológica: la cámara de fotos. Esta herramienta, que el resto de la humanidad utiliza en algunas ocasiones, es permanentemente sostenida en una de las manos del púberis para realizar imágenes de su rostro en diferentes poses y con una variedad de mohines extraordinaria. Con el tiempo, el susodicho objeto y la extremidad conforman una especie de callo que hace imposible su separación, a excepción de la vía quirúrgica.
Aun es un misterio el objetivo de estas actividades, ya que no parecen constituir rituales de apareamiento, útiles para la reproducción de la especie. Creemos que resulta imposible que una pareja de estos individuos mantengan relaciones sexuales, y menos si encuentran un espejo en las inmediaciones. Tampoco acertamos a entender cómo harán para retirar la cámara de fotos en estas situaciones, aunque tenemos la impresión de que no lo hacen, y en el caso de completarse la actividad amatoria, dejan constancia de ella con imágenes varias.
El contacto entre individuos de la misma especie se realiza mayormente a través de mensajes en código, por intermedio de sistemas inalámbricos de comunicación (llámese SMS, chat o cualquier sucedáneo de éstos). Este tipo de lenguaje aún no ha sido decodificado por los estudiosos, aunque su estructura parece consistir en palabras con el mínimo de fonemas posible. Por otro lado hay una gran profusión de interjecciones como "jaja", "jeje", "jojo", que utilizan para expresar sus emociones, así como de íconos formados por letras y signos de puntuación, como =) :$ (L) :P que tienen el mismo fin.
Creemos entonces, que el origen del púberis floggerianus es una adaptación involutiva producida por los cambios en el ambiente. Desconocemos si existen descendientes de la especie y qué características presentan los mismos, pero continuaremos nuestras investigaciones.
Hasta la próxima entrega.
marzo 10, 2010
Lista (incompleta) de usuarios de FB que deberían ser empalados en plaza pública
febrero 22, 2010
Por qué la lluvia puede matarl@
El clima suele ser ese pretexto que utilizamos desesperadamente para romper el silencio cuando debemos compartir el ascensor con viej@s decrépit@s que hacen ruido con los dientes postizos, o bien con vecin@s jóvenes e intrigantes a quien nos gustaría conocer (lo que no es nuestro caso, ya que carecemos de suerte y/o de vecin@s jóvenes).
“¡Que frio!”, “¿vio cómo llueve?”, etc., son algunas de las frases más estúpidas que se le conocen al género humano, y no mejoraran jamás.
Por eso, y con la coherencia que nos caracteriza, este blog se propone hablar del clima.
¿Vio como llueve? Bueno, entonces trate de no salir de la cama, o esté preparado para cualquiera de estos 3 escenarios.
Escenario 1
Usted abre la persiana: llueve a cántaros. Usted se deprime. Se dirige al sucucho lleno de porquerías que denomina escritorio y prende la PC para comenzar su día laboral.
No le funciona Internet. Usted se deprime aun más.
Espera un rato. Se toma un café cargado con tres medialunas. Vuelve: internet sigue caído.
Con desesperación empieza a caminar por la casa buscando robarle la señal inalámbrica a algún vecino bondadoso. No tiene éxito.
Su depresión se convierte en congoja: usted se da cuenta que la compañía que le brinda Internet, además de ser una bazofia, lo está obligando a salir de su casa (o ese sucucho roñoso que usted denomina casa)
Usted sale, vestido como un refugiado bosnio. Se moja, mucho.
Entra al primer bar que encuentra con wifi (como vive en un barrio demasiado residencial, ese bar está a diez cuadras.)
Pide un café. Prende la PC. Internet no anda.
“Ah, es por la lluvia”, le dice el mozo, mirando por la ventana en lontananza.
Su depresión se convierte en ira.
“¿Y no me podías decir antes?”
“Es que andaba hasta recién eh.”
Cuando, tres horas después, usted puede conectarse a Internet, recibe un mail con una oferta de trabajo que podría cambiar su miserable existencia. Pero, lamentablemente el tiempo para enviar la aplicación terminó hace 2 hs.
Usted termina el día en la sala de guardia al intentar cortarse las venas con una galletita de agua.
Escenario 2
Usted abre la persiana: llueve a cántaros. Usted se deprime.
Se viste como un refugiado bosnio porque no quiere ensuciar su mejor ropa (las únicas dos prendas decentes que tiene en el placard y que usa para los casamientos y funerales).
Toma un colectivo/tren atestado de humanoides sudorosos y mojados por la lluvia. Llega a su lugar de trabajo (o ese edificio infecto que denomina oficina). Todos están con cara de culo. Usted se deprime aun más.
A su jefe no se le ocurre mejor idea que mandarlo al centro “a hacer unos trámites urgentes”.
Su depresión se convierte en ira.
Usted sale. El centro está repleto de humanoides descerebrados que nunca aprendieron a usar un paraguas. Además de su estupidez supina con el elemento, todos caminan debajo de los techos.
Suena el teléfono celular. Es su jefe que le pregunta algo por mensaje de texto.
Usted siente cómo la vena principal del lóbulo frontal late rítmicamente.
Empieza a contestar el mensaje de texto mientras sortea los obstáculos que se le ponen en el camino (puntas de paraguas, baldosas rotas, taxistas demasiado enérgicos, etc).
Cuando está terminando, levanta la cabeza y un homúnculo aparaguado lo lleva por delante.
Usted termina el día en la sala de guardia con un ojo menos. (Y luego lo echan por tuerto, aunque su jefe aduce que el problema siempre fue su desempeño laboral.)
Escenario 3
Usted abre la persiana: llueve a cántaros. Usted se deprime.
Decide que lo mejor es ir a trabajar con el auto (usted nunca fue de tomar las decisiones más acertadas).
Hace dos cuadras y se detiene en un atascamiento de tránsito.
Aprovecha para prender la radio y conectar su teléfono celular al “blu tut”, como usted denomina al sistema de manos libres.
El locutor le anuncia que debido a los 15 mm de lluvia que cayeron en cinco segundos la mitad de la ciudad se encuentra inundada y hay demoras de tres a cuatro horas en todas las avenidas y calles principales.
Esto lo escucha a medias debido a que los humanoides que conducen los autos a su alrededor tocan bocina ininterrumpidamente.
Su depresión se convierte en ira.
Suena el teléfono. Es el cliente principal de su empresa que le pide una reunión para hoy mismo porque tiene un negocio importantísimo para ofrecerle.
Usted le anuncia que está atascado en el tráfico, pero hará todo lo posible por llegar.
A los cincuenta minutos usted hizo dos cuadras. La sinfonía bocinezca continúa.
Avanza unos metros y queda atrapado en una intersección. Los bocinazos aumentan y le están especialmente dirigidos. Escucha algunos insultos.
Entonces vuelve a sonar el teléfono. Es su cliente que le hace una pregunta.
Las bocinas no lo dejan escuchar bien. Usted grita. Su cliente grita que no lo escucha.
Entonces, ya harto, baja la ventanilla e insulta al condutor que tiene al costado y que lo está dejando sordo.
Su cliente, que ahora lo escucha perfectamente, lo manda a cagar.
Usted sale del auto a los gritos y sufre un paro cardiaco. El conductor medio tarado que le tocaba bocina llama al 911.
Usted termina el día muerto en la sala de guardias. Es que la ambulancia no pudo llegar a tiempo… por la lluvia.
enero 05, 2010
Que eso no se dice, que eso no se hace, que eso no se toca
octubre 06, 2009
TIC TOC (Grupo de autoayuda: Trastornados, pero modernos)
Últimamente la que suscribe ha notado que con la tecnología han ido apareciendo nuevas maneras de ampliar este repertorio de obsesiones, llevando nuestros trastornitos a niveles nunca imaginados.
Por eso, desde este blog, y pensando en la salud mental de todos, inauguramos el grupo de autoayuda “Tic-Toc: Trastornados, pero modernos”. Un espacio libre y gratuito, en el que poder compartir nuestros desajustes mentales (¿después de todo, para quá está Internet si no?)
Este es nuestro desgarrador testimonio.
Hola, soy Mate con Duraznos, y tengo algunos problemitas. A saber:
- Internet me desconcentra, aun si no funciona.
No es ninguna novedad que los blogs, diarios digitales, MSN, Facebutt, Twitter y todos los etcéteras hijos de Internet pueden dar muerte a nuestra productividad laboral.
Pero a mi no es la presencia de Internet lo que más me desconcentra, sino su falta.
Aunque no la necesite, mientras la luz de “on line” esté apagada no podré hacer otra cosa más que intentar restablecer la conexión perdida.
Esto significa dedicar horas preciosas en las que podría trabajar (sin distracciones) a: reiniciar dos millones de veces el modem, prender y apagar la computadora hasta que implota, llamar a la compañía de Internet y hacer todas las pruebas ad hoc que me transmiten los telefonistas (pruebas carentes de toda utilidad), invocar la ayuda de Buda, la virgen desatanudos y San Expedito o intentar robarle señal a los vecinos, entre otras encantadoras actividades.
¿Y todo esto para qué? Solo para tener la tranquilidad de que si por esas casualidades llego a necesitar Internet, Internet anda.
- Antes de apretar "send", los mails deben ser releídos un número determinado de veces.
En mi caso son tres o cinco, dependiendo de la importancia y longitud del susodicho (por ejemplo, si es para una amiga, solo tres, si es de trabajo, cinco, si son unas pocas líneas, tres una carilla cinco, y así).
Conozco gente, que no debe estar muy bien de la cabeza, que los revisa entre cuatro y ocho veces (sólo a un perturbadito se le ocurriría usar un número par.)
- Los mails no se borran.
Hace más de diez años que tengo cuenta de mail. A esta altura debo tener unas cinco o siete distintas, lo que significa que he archivado (y muchas veces seleccionado y encarpetado según tema, remitente o vaya a saber qué categoría) millones de correos electrónicos absolutamente inútiles.
La razón: lo guardo “por si acaso.” Sé que esta frase no tiene sentido. No sé para qué puedo llegar a necesitar el mail que me mandó el cadete de una oficina de la que no formo parte hace cinco años, o los saludos de navidad de ese proveedor que siempre odié. Simplemente me es imposible e borrarlos.
- Prestar el teléfono celular me da “asquito”
No hace falta explicar que la boca es un rejunte de microbios, bacterias y demás porquerías que esperan el primer descuido para enfermarnos. Cualquier objeto que esté demasiado cerca de las fauces de los seres humanos debe ser utilizado con sumo cuidado, y el celular es uno de ellos.
Por eso, después del préstamo de celular a propios y ajenos me retiro a un rincón, para que el afectado no se sienta ofendido, y limpio el micrófono con una carilina y alcohol (o en su defecto agua y jabón). Generosa sí, pero limpita.
Hay más, pero ahora les toca a ustedes. L@s escucho.
agosto 18, 2009
Test Ciberpsicológico
A Busca un vaso de agua en la cocina. Se acerca a su escritorio con cautela y utiliza un papel del taco de colores como apoya vasos, ubicando la bebida lo más lejos posible del teclado, por las dudas. Toma un sorbo estirando el cuello como una gallina chismosa, vuelve a apoyar el vaso y sigue con lo que estaba haciendo.
B Busca un vaso de coca en la cocina y se acerca al escritorio mirando lo que está apareciendo en la pantalla. La coca se derrama sobre el piso. Usted la limpia las gotas con la lengua, le da un sorbo a la bebida, se sienta, apoya el vaso al lado del teclado y sigue con lo que estaba haciendo.
C Busca un vaso de coca en la heladera, y ve una porción de pizza de la noche anterior. Se tienta. También hay un chocolate a medio terminar. Vuelve a tentarse. Haciendo equilibrio con las tres cosas se dirige a su computadora. Derrama coca en el piso, pero ni siquiera se da cuenta. Llega a su escritorio y apoya el vaso chorreante a un lado del teclado, y el sándwich y el chocolate del otro. Con las manos pegajosas y comiendo el sándwich, que va dejando un rastro de migas sobre las teclas, usted sigue lo que estaba haciendo. Mientras mastica, toma un trago de coca.
Usted sigue en su computadora. De pronto, aparece un cartel en inglés que le da dos opciones. Usted:
A Se paraliza. Lee lo que dice el cartel pero cualquiera de las opciones le parecen peligrosas. Trata de cerrarlo. El cartel no se cierra. Vuelve a leerlo. No se decide. Llama a un técnico, por las dudas.
B Lee lo que dice el cartel. No lo entiende, pero decide hacer click en “cancelar”, que es lo que le parece más lógico. El cartel desaparece, usted se olvida.
C Automáticamente hace click en “aceptar”, sin leer lo que dice el cartelito. Su computadora se tilda misteriosamente. Usted se rasca la cabeza y aprieta el botón de “reset” en su CPU hasta que todo vuelve a la normalidad.
Durante su ciber vida usted ha visto un cartel azul que dice “error fatal” en su computadora:
A Ni una vez. Si lo veo creo que muero de un paro cardíaco.
B Un par de veces, pero averigüé lo que pasaba y ya está todo bien.
C Cada vez que prendo la computadora. Debe ser una publicidad o algo así. Estos de Microsoft siempre te quieren vender algo nuevo.
Mayoría de respuestas A: usted padece de trastorno obsesivo compulsivo. Consulte a su psiquiatra más cercano, y mientras tanto, tómese un valium con whisky (por las dudas). Verá como todo empieza a parecerle más llevadero.
Mayoría de respuestas B: usted es una persona aparentemente normal (nunca se sabe), aunque eso de chupar las gotas de coca cola al paso es bastante desagradable. Le recomendamos asista a un curso de buenos modales.
Mayoría de respuestas C: No entendemos cómo superó la etapa del balero y el yo-yo. Es notable que aun no lo hayan encerrado en una institución mental para estudiar el comportamiento de los hombres de las cavernas. Le recomendamos que se recluya lo antes posible en un lugar alejado para que estos no suceda. (Después no diga que no le avisamos)
julio 28, 2009
Los 5 tipos de usuario de MSN que deberían haber viajado en el lugar de los astronautas del Challenger
Aquí, los cinco tipos de usuario de MSN que deberían haber viajado en lugar de los astronautas del Challeger y por lo menos servir a la humanidad como fuegos de artificio.
El mono zumbador
Este homúnculo, que debería ir y venir del estrecho de Bering a Ushuaia de rodillas y sobre un camino de arroz, no tiene otra cosa que hacer de su inútil existencia más que molestar al resto. Es aquel que no contento con saludarnos una docena de veces, y viendo que no le contestamos, envía repetidos zumbidos.
Querido mico falto de todo concepto de dignidad: si nadie contesta a sus llamados de atención y desesperados intentos por ser parte por un milisegundo del género humano, ¿Por qué cuernos suponés que haciendo zumbar mi computadora al ritmo encloquecido de su estupidez vas a logar lo contrario?
El Nickófilo
Este humanoide cuyo único objetivo en la vida es conseguir que alguien recuerde su nombre, supone que el sector donde uno debe ubicar su nick, y alguna otra frase ad-hoc (¿a qué mente brillante se le ocurrió poner ese espacio?, ¿no bastaba con el primero para hacer de nuestra vida un infierno?), decíamos, supone que ese espacio esta destinado a demostrar una creatividad y una inteligencia que el susodicho humanoide está a años luz de poseer.
Entonces, te rogamos, oh recalcitrante tarad@: no pongas frases cursis, imbéciles y/o citas literarias para hacerte notar. Si nadie te habla es porque a nadie le interesa lo que tenés para decir (ni durante un chat ni en tu nick).
No queremos saber si te estas bañando, si estás comiendo un guiso de mondongo o si te duele la muela. Para eso esta Twitter.
Remite a poner tu nombre o algún seudónimo que no te obligue a pensar demasiado. Lo sentimos, pero no has nacido para semejante tarea.
El hipersensible
Esta personificación del complejo de inferioridad pretende que uno se desviva por comentarle con lujo de detalles cómo es que hizo para ir hasta el kiosco y comprar un paquete de pastillas. De lo contrario, si uno se limita a describir este hecho como una persona mas o menos normal (tampoco vamos a exagerar), empieza a preguntar: “¿te pasa algo?, ¿estás enojad@? sonás rar@”, y una serie interminable de frases por el estilo, que no hacen más que estrechar nuestra ya reducida expresividad para con el homúnculo.
Por ello, miserable exponente de la nula autoestima, si se te responde ya te encontrás ante una muestra de la más alta misericordia y generosidad, no pidas, además, que usemos un medio como el chat para cantarle loas a la vida y a la felicidad. Si necesitás alegría, ponete un video de Xuxa.
El emopsicótico
Esta subespecie del hipersensible, no contento con reclamar una expresividad que no poseemos, incluye un emoticón cada dos palabras (esos dibujitos, animaciones y otras estupideces inventadas al abrigo del MSN, que deberían ser abolidas para el bien de la humanidad toda) suponiendo que en eso consiste demostrar sentimientos.
Incluso, al tener tantos de estos implementos en su aplicación, cada sílaba de lo que escribe ES un emoticón, lo que resulta en una absoluta incomprensión de lo que está queriendo decir.
Estimado gusano: ya es una tortura leer las estupideces que tenés para decir. Te suplicamos, entonces, que no nos hagas la vida mas miserable adosando a cada pavada el dibujito de un pingüino que regala corazones, o peor aun, a Mafalda teniendo sexo con Miguelito. No nos interesa el humor gráfico de ese estilo (carente de humor y de desarrollo grafico). Si no podés escribir sin utilizar esos adminículos apestosos, por favor, abstenete de escribirnos.
El vurro
And last, but not least (¿ven, amigos que este es un blog currrrto?), encontramos al púber imberbe que habla en lenguas endemoniadas junto al asno cuyo cerebro nunca pasó de primer grado (y la vida, pura generosidad, hasta le consiguió trabajo) y escribe con unos horrores ortográficos tan espeluznantes que ni un integrante de la real academia podría imaginar en sus peores pesadillas.
Los ubicamos en la misma categoría, porque, muchos adultos se caracterizan por las burradas que son capaces de escribir, pero los púberes, creen poseer un idioma inventado cuando, en realidad, no están haciendo más que destrozar el castellano.
Por ello, adorado hombrecillo de las cavernas, que te comunicas mediante palabras incomprensibles (porque “avia”, “yubia”, “ke” y cosas semejantes son cualquier cosa menos palabras con algún significado) y sonidos guturales, te rogamos, te suplicamos, y te amenzamos con un látigo de tres puntas con el que te desollaremos: ¡toma entre tus manos un diccionario, y aprende! Luego, existe.
Este fue un servicio más de Ciberviviendo, en pos de un mundo menos idiotizado.
julio 21, 2009
Por qué la lluvia puede matarl@
El clima suele ser ese pretexto que utilizamos desesperadamente para romper el silencio cuando debemos compartir el ascensor con viej@s decrépit@s que hacen ruido con los dientes postizos, o bien con vecin@s jóvenes e intrigantes a quien nos gustaría conocer (lo que no es nuestro caso, ya que carecemos de suerte y/o de vecin@s jóvenes).
“¡Que frio!”, “¿vio cómo llueve?”, etc., son algunas de las frases más estúpidas que se le conocen al género humano, y no mejoraran jamás.
Por eso, y con la coherencia que nos caracteriza, este blog se propone hablar del clima.
¿Vio como llueve? Bueno, entonces trate de no salir de la cama, o esté preparado para cualquiera de estos 3 escenarios.
Escenario 1
Usted abre la persiana: llueve a cántaros. Usted se deprime. Se dirige al sucucho lleno de porquerías que denomina escritorio y prende la PC para comenzar su día laboral.
No le funciona Internet. Usted se deprime aun más.
Espera un rato. Se toma un café cargado con tres medialunas. Vuelve: internet sigue caído.
Con desesperación empieza a caminar por la casa buscando robarle la señal inalámbrica a algún vecino bondadoso. No tiene éxito.
Su depresión se convierte en congoja: usted se da cuenta que la compañía que le brinda Internet, además de ser una bazofia, lo está obligando a salir de su casa (o ese sucucho roñoso que usted denomina casa)
Usted sale, vestido como un refugiado bosnio. Se moja, mucho.
Entra al primer bar que encuentra con wifi (como vive en un barrio demasiado residencial, ese bar está a diez cuadras.)
Pide un café. Prende la PC. Internet no anda.
“Ah, es por la lluvia”, le dice el mozo, mirando por la ventana en lontananza.
Su depresión se convierte en ira.
“¿Y no me podías decir antes?”
“Es que andaba hasta recién eh.”
Cuando, tres horas después, usted puede conectarse a Internet, recibe un mail con una oferta de trabajo que podría cambiar su miserable existencia. Pero, lamentablemente el tiempo para enviar la aplicación terminó hace 2 hs.
Usted termina el día en la sala de guardia al intentar cortarse las venas con una galletita de agua.
Escenario 2
Usted abre la persiana: llueve a cántaros. Usted se deprime.
Se viste como un refugiado bosnio porque no quiere ensuciar su mejor ropa (las únicas dos prendas decentes que tiene en el placard y que usa para los casamientos y funerales).
Toma un colectivo/tren atestado de humanoides sudorosos y mojados por la lluvia. Llega a su lugar de trabajo (o ese edificio infecto que denomina oficina). Todos están con cara de culo. Usted se deprime aun más.
A su jefe no se le ocurre mejor idea que mandarlo al centro “a hacer unos trámites urgentes”.
Su depresión se convierte en ira.
Usted sale. El centro está repleto de humanoides descerebrados que nunca aprendieron a usar un paraguas. Además de su estupidez supina con el elemento, todos caminan debajo de los techos.
Suena el teléfono celular. Es su jefe que le pregunta algo por mensaje de texto.
Usted siente cómo la vena principal del lóbulo frontal late rítmicamente.
Empieza a contestar el mensaje de texto mientras sortea los obstáculos que se le ponen en el camino (puntas de paraguas, baldosas rotas, taxistas demasiado enérgicos, etc).
Cuando está terminando, levanta la cabeza y un homúnculo aparaguado lo lleva por delante.
Usted termina el día en la sala de guardia con un ojo menos. (Y luego lo echan por tuerto, aunque su jefe aduce que el problema siempre fue su desempeño laboral.)
Escenario 3
Usted abre la persiana: llueve a cántaros. Usted se deprime.
Decide que lo mejor es ir a trabajar con el auto (usted nunca fue de tomar las decisiones más acertadas).
Hace dos cuadras y se detiene en un atascamiento de tránsito.
Aprovecha para prender la radio y conectar su teléfono celular al “blu tut”, como usted denomina al sistema de manos libres.
El locutor le anuncia que debido a los 15 mm de lluvia que cayeron en cinco segundos la mitad de la ciudad se encuentra inundada y hay demoras de tres a cuatro horas en todas las avenidas y calles principales.
Esto lo escucha a medias debido a que los humanoides que conducen los autos a su alrededor tocan bocina ininterrumpidamente.
Su depresión se convierte en ira.
Suena el teléfono. Es el cliente principal de su empresa que le pide una reunión para hoy mismo porque tiene un negocio importantísimo para ofrecerle.
Usted le anuncia que está atascado en el tráfico, pero hará todo lo posible por llegar.
A los cincuenta minutos usted hizo dos cuadras. La sinfonía bocinezca continúa.
Avanza unos metros y queda atrapado en una intersección. Los bocinazos aumentan y le están especialmente dirigidos. Escucha algunos insultos.
Entonces vuelve a sonar el teléfono. Es su cliente que le hace una pregunta.
Las bocinas no lo dejan escuchar bien. Usted grita. Su cliente grita que no lo escucha.
Entonces, ya harto, baja la ventanilla e insulta al condutor que tiene al costado y que lo está dejando sordo.
Su cliente, que ahora lo escucha perfectamente, lo manda a cagar.
Usted sale del auto a los gritos y sufre un paro cardiaco. El conductor medio tarado que le tocaba bocina llama al 911.
Usted termina el día muerto en la sala de guardias. Es que la ambulancia no pudo llegar a tiempo… por la lluvia.
julio 07, 2009
Los seis tipos de usuarios de e-mail que deberían ser encerrados en Guantánamo por siempre jamás
Aquí, los seis tipos de usuarios de e-mail que deberían ser encerrados en Guantánamo por siempre jamás.
1. El asuntófilo
Usted, que nunca entendió para que servía esa casilla que dice “asunto”, se lo vamos a repetir una vez más: es para que en ella resuma en no más de tres palabras el tema principal de su correo.
Por lo tanto, el primer capítulo completo de Cien años de soledad no constituye un asunto. Poner “Hola” sin importar que en el cuerpo del mensaje nos esté comunicando un deceso, o nos esté insultando en cuatro idiomas, tampoco.
Si no sabe qué poner, absténgase de demostrar su falta abstracción y desarrollo intelectual en el asunto, seguramente lo haga en el resto del mail.
2. El mono aullador
Queridísimo saboteador de todo lo bueno que hay en este mundo, como bien le habrán explicado en el colegio primario (mientras le pegaban con una regla en los nudillos por asno) las mayúsculas se utilizan al principio de una oración y/o en los nombres propios y/o en las siglas.
Por lo tanto, ¿PUEDE SER QUE A 30 AÑOS DE SU UTILIZACIÓN USTED SIGA ESCRIBIENDO MAILS COMPLETOS COMO A LOS GRITOS? ¿EH? ¿PUEDE SER?
3. El púber imberbe
Ustedes que se creen súper modernos porque tienen 5 millones de sistemas disponibles para decir cualquier sandez, por favor, respeten a sus mayores: no escriban e-mails ininteligibles con ese pseudo lenguaje que dicen haber inventado y que en realidad es la contracción a onomatopeyas de nuestro hermoso vocabulario.
Querido púber, si me mandas un mail, tené la mínima decencia de escribir bien, para que pueda comprender al menos un 30% de lo que querés expresar. Con tus amiguitos hacé lo que quieras, pero sabelo, nuestras condiciones mentales no son las mejores como para tener que malograrlas más haciendo un esfuerzo sobrehumano por entender qué catzo quisiste decir con “arre”. (La vejez no viene sola, eso también podrías ir metiéndotelo en la cabeza)
4. La Madre
Las madres (las nuestras, no las forjadoras de la generación infame de floggers y emos que inundan nuestras calles) deberían limitarse a las 45 llamadas telefónicas que nos realizan diariamente para ver cómo andamos. Pero si sus ganas de escribir son irrefrenables, deberían hacerlo únicamente a través de cartas en papel perfumadito o postales con fotos de las Cataratas del Iguazú.
No conozco progenitora capaz de redactar un mail (ni un mensaje de texto) coherente. Ya no hablamos de la falta de asunto legible, ni del uso incorrecto de mayúsculas. Nos referimos a frases del estilo de “estoy tomando un cafecito”, “¿esto está bien?” y cosas semejantes, que lo dejan a uno pasmado, y pensando a quien salió tan sanito.
5. El próximo desempleado
Sabemos que el trabajo es un tipo de tortura socialmente aceptada. Si fuera placentero nadie nos estaría pagando por ello. Pero, querido oficinista cerebralmente aniquilado por las ocho horas diarias debajo de los tubos de luz fluorescente, de algo hay que vivir, y su comportamiento no lo está ayudando en esta tarea.
No nos referimos a su decisión de abrir una mesa de apuestas ilegal en su box, sino, de su estupidez mayúscula para responder mails.
Estimado trabajador inutilizado intelectualmente: hay dos tipos de formas de responder un e-mail, una es aquella por la cual usted le contesta a uno solo de sus contactos. La otra es la que le permite responder a todos. Sabemos que la diferencia es de sólo una palabra, pero las implicancias pueden ser enormes. Y más si usted se dedica a ponerle apodos a la mitad de sus compañeros y superiores, envía fotos de minas en bolas o anuncia que se acaba de desgraciar en la oficina de su jefe.
La próxima vez que se le ocurra algún comentario humorístico sobre el rendimiento sexual del dueño de la empresa, asegúrese de no estar copiándolo entre los contactos.
Este es un servicio gratuito para que conserve su trabajo (y todos los dientes).
6. El reenviador de cadenas compulsivo
Estimado homúnculo merecedor de todos los insultos existentes en los 400 dialectos y lenguas vivas y muertas que la humanidad conoce y conocerá: sepa que cuando usted decide reenviar cada uno de esos engendros que le llegan a la bandeja de entrada advirtiéndole sobre nuevos virus (que usted esparce en su infinita idiotez), presos políticos de Chagarkistan que necesitan de su filantropía para heredar fortunas, o loterías millonarias que gana mágicamente sin haber jugado, un círculo infernal se inaugura exclusivamente para torturarlo durante toda la eternidad.
Cada vez que usted nos envía esos powerpoints cursis con fotos de cachorros y musiquitas pegajosas, que además de horrendas pesan 40 megas, una manada de elefantes está esperando detrás de su puerta para convertirlo en una damajuana de vino patero.
Humanoide: los siete años de mala suerte que supone evitar al enviar a 10 contactos ese correo bazofia con un test de personalidad creado en la universidad nacional del inútil, lo incluye automáticamente en la lista de condenados a muerte de todos los países del mundo (incluidos aquellos en los que la pena de muerte es ilegal).
Si las diapositivas sobre diferencias entre los franceses y los argentinos, o la caracterización de 40 tipos de flatulencias con sus sonidos respectivos, o los chistes verdes de algún pederasta lo hacen descostillarse de la risa, a nosotros, no nos interesan. Ríase solo y déjenos vivir en paz.
Si es posible, elimine el botón “reenviar” de su servidor de correo, póngale un papelito encima en la pantalla, o, simplemente absténgase de enviar cualquier tipo de mail.
La humanidad le estará eternamente agradecida.
junio 26, 2009
Test: ¿Tu relación de pareja, murió aplastada por la tecnología?
Llegas tarde del trabajo después de haber viajado tres horas en un tren atestado de humanoides sudorosos. Abrís la puerta y tu pareja:
- a. Te saluda con la mano desde el sillón y pregunta qué van a comer, mientras mira por enésima vez esa película pedorra de zombies que vos odias.
- b. Te pega un trompazo con el mando de la Wii, al grito de “soy como Homero, hice el juego perfecto”
- c. Te está esperando detrás de la puerta con el teléfono celular en la mano, y te abraza con desesperación mientras te dice: “Es tarde mi amor, ¿qué te pasó? No escuchabas el celular, te llame un montón de veces. ¿Qué te pasoooó?”
Es su aniversario. Para festejar tu pareja elige:
- a. Pedir pizza y mirar juntos una maratón de “El transportador”
- b. Jugar a la Playstation hasta desmayarse del cansancio.
- c. Mandarte por mail una tarjeta animada con un osito que canta en japonés, y cuarenta mensajes de texto, con el mismo osito.
Cuando caminan juntos por la calle, tu pareja:
- a. Se embute los auriculares de su Ipod y tararea canciones de Ricardo Arjona mientras vos conversas con los maniquíes de las vidrieras.
- b. Para en todos los kioscos de diario a preguntar si tienen el “X Men Origins” pirateado y dónde se puede conseguir. (Tu paseo termina en un tugurio infernal rodeada de pánfilos que hablan en un idioma incomprensible y cuyo dueño es Jabba the Hutt.)
- c. Aunque sean las 11 de la noche va hablando por teléfono con el jefe porque “tenía que decirle algo urgente y no podía esperar a mañana”, llama a su madre “para ver cómo anda”, y revisa las citas de su agenda para “no olvidarse de nada”.
- a. Repite un diálogo romántico que se aprendió en Jerry McGire. Incluso hace los mismos movimientos corporales de tom cruise, con resultados tragicómicos.
- b. Te dice que sos su “princesa peach” y te promete que por hoy te va a dejar ganar al Mario Kart.
- c. Te envía por mail una tarjeta animada con un osito que canta en japonés, y cuarenta mensajes de texto, con el mismo osito.
La melodía que eriza la piel de tu pareja es:
- a. La banda sonora de Indiana Jones.
- b. La musiquita del Pac Man.
- c. La musiquita de Motorola.
La única vez que lo viste llorar fue:
- a. Cuando Terminator se despide de Jonhn Connor.
- b. El día que compró un Family Game en mercado libre, “igualito” al que tenía en la casa de sus padres.
- c. Cada vez que su celular se queda sin batería.
Tienen relaciones sexuales:
- a. Cada vez que se corta el cable.
- b. No te acordás, desde que llegó la Xbox a tu casa dejaron de dormir juntos.
- c. Cuando envía la palabra “Cachondos al 2020” y recibe por mensaje de texto la pose semanal del Kamasutra.
Resultados:
Mayoría de respuestas A: tu madre tiene razón, tu relación de pareja es una porquería. La única manera de llamar la atención del homúnculo que vive con vos seria convirtiéndote en un televisor de pantalla plana con todos los canales codificados.
Mayoría de respuestas b: tu madre tiene razón, tu relación de pareja es una basura. El humanoide que tenés al lado conserva los peores rasgos del adolescente promedio, (y ha dejado de lado los que a vos te interesan como el sexo desenfrenado y sin pausa)
Mayoría de respuestas c: tu madre tiene razón, tu relación de pareja es un desastre. El homínido con el que compartís tu vida te reconoce sólo si le tarareás el ringtone que te adjudicó en su lista de contactos.
Si ni una de estas opciones cuadra con tu realidad, tu madre tiene razón: vas a morir solter@.
¡Hasta la próxima entrega! Su blog amigo.
junio 10, 2009
Guía de identificación y tratamiento de afecciones causadas por la tecnología
Y el ser humano terminó encorvado, limitando su desplazamiento al área que alcanza su silla ergonómica, y con el cerebro en proceso de desintegración por el exceso de ondas electromagnéticas, entre otras afecciones.
El ser humano es, por lo visto, un ser bastante estúpido.
Por ello, su blog amigo, le presenta un fragmento de la primera Guía de identificación y tratamiento de afecciones causadas por la tecnología, de próxima aparición en todos los kioskos de diarios del mundo.
Porque aunque cueste creerlo, usted también es un ser humano.
(Esta guía esta avalada por
Caso 1
Síntomas:
- Movimientos involuntarios y frenéticos del dedo mayor sobre cualquier superficie, incluso al darle la mano a desconocidos (que le pierden el respeto más rápidamente de lo habitual).
- Déficit del control de esfínteres: el paciente no diferencia la vibración de sus intestinos, próximos a explotar, de la de su teléfono.
- Falta de atención: el paciente no puede mantener una conversación sin mirar 45 veces la pantallita en busca de un mensaje que ha llegado sólo en su imaginación. Su jefe supone que no le importa un pito lo que le está diciendo y lo despide (imposibilidad de disimular la falta de interés).
- Aislamiento: sus conocidos creen que el paciente ha perdido el juicio y lo evitan debido a sus problemas gástricos. (Situación que empeora debido a que el paciente les habla por mensaje de texto aún estado frente a frente.)
Diagnóstico: Síndrome del celular fantasma
Solución: se le recomienda una terapia de shock: Se lo conmina a arrojar su celular y todos los accesorios desde un puente. Ante la imposibilidad de hacer tal cosa, el paciente se arrojó él mismo, dejando su celular a salvo en el puente.
Caso 2
Síntomas:
- Necesidad excesiva de pertenencia al grupo: el paciente refiere una necesidad imperiosa de ser visto y reconocido por sus pares, dedicando la mayor parte de su día a esta actividad y resignando por ello cualquier otra aspiración personal.
- Narcisismo exacerbado: el paciente es incapaz de pasar frente a un espejo sin arreglarse el pelo, o incluso, tirarse un besito. Además, quemó todas las fotografías de la familia en las que no aparecía su rostro.
- Problemas de vista: pérdida parcial y conciente de la vista de uno de sus ojos. El equipo médico induce que además, comenzó a sufrir de una extraña forma de daltonismo (lo que explicaría la combinación horrorosa de colores fosforescentes que utiliza para vestirse)
- Ahorcamiento testicular: utilización de vestimenta inapropiada para su contextura física. El paciente “parece un matambre adobado”, según expresión de uno de sus médicos.
- Problemas de expresión: “no se sabe en qué idioma habla”, según expresión del mismo médico.
Diagnóstico: Flogger.
Tratamiento: se le recomendó una terapia de shock: Se lo conminó a arrojarse de un puente. El paciente se negó, porque sus amigos no lo acompañaban, y además se iba a despeinar. No existen tratamientos alternativos.
